Ya hay demasiados conejos para tan pocas chichis: El Mezcal en 2026

En 2008, cuando comencé a trabajar con el mezcal en los EE. UU., nadie sabía de lo que estaba hablando —ni yo mismo—. Con la excepción de un par de aficionados y nerds de nuestra industria, el mezcal era un absoluto desconocido.

Poco a poco, el trabajo fue penetrando muros, puertas, estantes y paladares. Los entusiastas nos fuimos sumando desde nuestras trincheras para aportar sobre el arte de hacer Mezcal. Los periodistas publicaron, los libros pulularon y hoy, 18 años después, nos encontramos sumergidos en un escenario radicalmente distinto: un océano de marcas de importación (423 según el informe 2025 del organismo regulador) en una industria a la que le cuesta trabajo diferenciarse frente a un consumidor que, definitivamente, ha cambiado.

El reto de dar a luz en un mercado saturado

En febrero del año pasado, fui invitado a formar parte de un proyecto para dar a luz a una nueva marca: Mezcal Güey. El desafío es grande: ¿cómo mostrar la cara de un buen producto en medio de este océano de nuevas insignias, unas nadando contra corriente y otras navegando viento en popa?

Acepté el gran reto porque la marca es legítima. No me sumé por la urgencia de contar con un nuevo proyecto, sino porque encontré una marca con autenticidad:

  • Producción en San Dionisio Ocotepec, Oaxaca (tierra de gente buena).
  • Métodos artesanales, empleo local y respeto al agave silvestre.
  • Una familia zapoteca, los García, que no improvisan; tienen tradición, cultura, savoir faire y una historia que une la frontera norte con su origen: Eleuterio trabajó de jinete de rodeo cuando fue migrante.
  • Un modelo de negocios donde las ganancias regresan, se reinvierten y se generan empleos en México.

2026: El desafío de la supervivencia y los márgenes en jaque

Los desafíos que veo para este 2026 son estructurales. No solo es abrir nuevos estados estratégicamente, sino entender que el distribuidor está perdiendo margen y el retail está apretado. ¿Por qué? Porque el hábito de consumo ha dado un giro radical.

Hoy competimos contra el tequila con un contenido de alcohol en esteroides y contra otros mezcales con nombres cada vez más ingeniosos. Pero, sobre todo, tenemos que adaptarnos a un cambio de estilo de vida: el auge de los medicamentos para perder peso (GLP-1) —que reducen el antojo y hacen peligroso beber—, la normalización del consumo recreativo del THC y una nueva generación que prioriza el bienestar sobre la embriaguez. Todo esto ha reducido drásticamente las ocasiones de consumo. En este contexto, mover una caja de mezcal es más caro y difícil que nunca.

Como dice una frase que no es mía pero comparto, y que alude a la historia de Mayahuel (Diosa del Agave, quien al renacer en forma de maguey tenía a 400 conejos bebiendo de cada penca):

¡Ya hay demasiados conejos para tan pocas chichis!

(Si quieres profundizar en el origen de esta historia y el mito de los 400 conejos, escribí un texto detallado en mi blog que te comparto en el primer comentario).

Si el consumidor de hoy toma menos, pero toma mejor, la purga de marcas es inevitable.

Por eso, en Mezcal Güey apostamos por el sabor, la calidad del producto básico, la sustentabilidad y preservación del ecosistema que rodea nuestra producción, la excelencia en la elaboración, lo humano, la creatividad y la innovación.

Me gustaría abrir el debate con ustedes:

¿Cómo están ajustando sus estrategias ante estos nuevos hábitos de consumo? ¿Qué factores creen que determinarán la supervivencia de una marca de mezcal en este océano de opciones en 2026?

Los leo en los comentarios.


Deja un comentario