El Mezcal y José Cuauhtémoc

«En este país, encontrarás tu camino» KS, marzo 2006

El Mezcal y José Cuauhtémoc

Hace quince años, cuando le ofrecieron la oportunidad de promoverlo, su primera reacción fue la de decir: ¡NO! El mezcal era una bebida poco conocida, subestimada, menospreciada e infravalorada en México y el resto del mundo.

Venía llegando de Europa, donde había vivido casi veinte años. A sus casi cuarenta, no hablaba inglés. Como muchos de sus compatriotas mexicanos, José Cuauhtémoc era inmigrante. Tras un difícil divorcio, logró que por trabajo lo mandaran a los EE. UU, pues siempre había sentido el deseo de vivir en esa hermosa y compleja nación.

Se dejó convencer por Tenoch, un amigo con quien compartió las canicas en sus años mozos en la Ciudad de México, y que había emprendido la valiente decisión de crear desde cero -o casi desde cero- la categoría Mezcal en los Estados Unidos, invirtiendo para ello una modesta cantidad de dinero, José Cuauhtémoc aceptó entonces el desafío de emprender el difícil camino y se asoció con él.

Lo primero era lo primero. Había que aprender. José Cuauhtémoc se fue a Oaxaca y de la mano de Carlos, un nuevo amigo con quien también se asoció, puso manos a la obra. Con machete, pala y hacha en mano se fue a la sierra y aprendió de agaves, los cortó, los coció en hornos cónicos bajo tierra, los macheteó y los molió con tahona, los fermentó naturalmente en cubas abiertas. Destiló en barro y en cobre, puso su vaso veladora en el chorrito calientito. Compartió el pan, el mezcal, la mesa y el techo por meses en casa de Carlos y su familia donde lo recibieron como si fuera parte de ella, casi como otro hijo. Se fue a ver a los vecinos de otros pueblos, bebió mezcales hechos de otros agaves y de otros estilos. Investigó quién sabía de mezcal y se acercó a aprender de ellos. Obtuvo y leyó la escasa literatura sobre esta bebida que en aquel entonces se encontraba, en esos tiempos había poco interés al respecto. 

Cuando estuvo listo y con el conocimiento necesario, volvió a los EEUU a vender el arte de esta talentosa familia oaxaqueña. Ahí encontró competencia en un par de marcas, con muchos más recursos de los que él tenía. 

Con su fuerte y confuso acento al hablar inglés, causado por todos esos años vividos en el viejo continente, se puso a visitar bares, vinaterías, a convocar clases, asistir a eventos de la industria del alcohol.

Era frustrante para José Cuauhtémoc llegar a lugares donde nadie sabía lo que era el mezcal y quien creía que sabía, realmente sabía poco o nada. No había espacio para nuevos productos en las barras y estantes. Una marca dominaba y no colaboraba y no informaba, no incluía. 

Con el tiempo, otras marcas llegaron a los Estados Unidos y con ellos gente informada, y comenzaron por fin, el mezcal y sus mensajes a penetrar el mercado.

En Ciudades como Seattle, NY, SF, LA, Chicago, Houston y Austin, vinateros y cantineros empezaron a obtener conocimientos y a transferirlo. Se iniciaron a hacer degustaciones y clases magistrales. Los cantineros se peleaban los lugares donde los grandes de la industria venían a hablar del mezcal. Las revistas comenzaron a escribir. 

Ahora quince años más tarde, el mezcal se convirtió en el motor de una industria con un crecimiento importante. Los estados miembros de la DO Mezcal reciben grandes flujos de capitales relacionados con esta categoría. Importantes consorcios y famosos ahora son dueños de marcas. 

Hoy, José Cuauhtémoc vende y educa por todo el mundo. El mezcal se encuentra en el foco de interés y en los vasos de miles de personas alrededor del planeta. 


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