Porque hay una nueva generación de productores que no está mirando al agave… y tampoco está mirando a Europa para copiar.
Está construyendo algo distinto.
Hoy voy a hablarles de una nueva generación de bebidas espirituosas mexicanas que no tienen nada que ver con el agave, ni parten de la típica narrativa de tradición centenaria.
Todas son de alto nivel, y algunas, honestamente, casi únicas en el mercado norteamericano, ayudando a consolidar, de forma natural, no forzada, que las bebidas mexicanas pueden ser de alta calidad.
Hoy hablo específicamente de un grupo de jóvenes talentosos de la Ciudad de México agrupados en Taller Astrafilia, una microdestilería que ha construido una línea variada de productos que no busca competir con el canon europeo, sino reinterpretarlo desde la biodiversidad mexicana.
La CDMX, por cierto, ya no solo es una de las ciudades más vibrantes y visitadas del mundo. También se está consolidando como un punto serio de producción de bebidas bien hechas, alineadas con lo que busca una nueva generación de consumidores: gente que bebe menos, pero bebe mejor.
Comencemos por sus ginebras.
Su línea se llama Granicera —nombre que se le da a una hechicera asociada con la lluvia y el control del granizo en distintas regiones de México— y está claramente posicionada en el segmento ultra premium.
Son productos que invitan a tomarse solos.
No porque no se puedan mezclar, sino porque tienen la estructura, complejidad y calidad para disfrutarse derechas. Y sí, su costo refleja ese nivel —incluso por encima de muchas referencias reconocidas del segmento.
Son cuatro perfiles: Cítrico, Especiado, Floral y Herbal.
Todos parten de una base poco común: alcohol de maíz criollo de Chiapas, macerado durante semanas con más de 30 botánicos —muchos ligados a la cocina y herbolaria mexicana— y posteriormente redestilado en cobre en pequeños lotes.
No son “gins con sabor”, son perfiles; es decir, son una lectura distinta del enebro en otro contexto geográfico:
• Cítrico: brillante, pero con capas herbales y especiadas que lo alejan de lo obvio
• Especiado: más profundo, con un eje cálido que recuerda más a cocina que a coctelería clásica
• Floral: aromático, delicado, con una estructura más perfumada
• Herbal: el más cercano a la raíz botánica, más verde, más directo
Ahora es el turno de detenernos en los licores.
Probablemente lo más representativo, en términos de identidad, dentro de su propuesta.
La línea Maleza trabaja sobre la misma base que las ginebras —alcohol de maíz criollo—, pero con maceraciones mucho más largas, de hasta cuatro meses, y una lógica más cercana a la cocina tradicional. Son pilares de la cocina mexicana llevados a botella.
• Cacahuate: semilla tostada, cacao, maíz y especias — sabores familiares, de mesa
• Cempasúchil: floral con acentos cítricos y especiados, ligado a una de las plantas más simbólicas del país
• Pepita: herbal y verde, con hoja santa, epazote y aguacate — cocina líquida, sin rodeos
• Axiote: cítrico y especiado, con fondo cálido y un toque de chile — claramente del sureste
• Bosque: inspirado en los aromas de la CDMX, con ciprés, enebro y notas verdes
• Tejate: probablemente el más complejo, con cacao, rosita, pixtle y vainilla — una traducción directa de Oaxaca
Aunque un chef con imaginación podría llevarlos al terreno de la repostería, en esencia no son empalagosos.
Son licores bien balanceados en su dulzor, pensados para integrarse, no para dominar.
No conquistan el cóctel, bailan con él.
Y ya que hablamos de coctelería, no podemos dejar fuera sus bitters.
La línea Maleza Bitters sigue la misma lógica que las ginebras, pero en formato concentrado: extracción prolongada de botánicos mexicanos sobre alcohol de maíz, pensados como herramientas para una coctelería inspirada en sabores mexicanos, moderna e informada.
Lo interesante no es solo su perfil —hierbas, flores, especias, cítricos—, sino su proximidad con las ginebras de las que hablé al principio.
Las ginebras construyen la base.
Los licores expanden el espectro.
Los bitters afinan el detalle.
El trabajo de Astrafilia parte del mismo lugar: plantas y botanicos mexicanos, tratadas con talento y con una intención clara de reinterpretación.
México no solo está redefiniendo lo que produce. Está buscando nuevas maneras de llegar al consumidor con calidad, imaginación y talento.
Parte de esa llegada al mercado norteamericano pasa por importadores mexicanos que entienden este tipo de propuestas; en este caso, Backalley Imports ha sido clave para colocar estos productos en el contexto correcto, con un portafolio cuidadosamente curado.