La Bruja y el Mezcal

Le coeur a ses raisons que la raison ne connaît point

Ese día se despertó de un sobresalto, había soñado que un alacrán le picaba la mano al sujetar una tasa de café. Salió de la cama aun temblando, caminó al baño, se limpió la cara con agua fría, se miró en el espejo. Sabía que algo malo ocurriría.

Como todos los días, preparó el desayuno para su hijo y dejó la mesa puesta para su mamá, con la que vivía desde que dejó a su marido. Tras dejar a Matías en la escuela, Julia se dirigió al hotel donde debía recoger a sus dos clientes norteamericanos a los que llevará a visitar tres palenques.

Esta era la parte final de un largo trabajo que comenzó con la recolección de doce diferentes mezcales en seis diferentes palenques. Todos eran hechos con maguey espadín. Cada maestro presentó dos mezcales, todos ellos cortados entre 40, 42 y a 45 GL. Esa ardua labor le llevó días realizarla, pues ella fue a recogerlos personalmente a la casa de cada mezcalero en seis diferentes pueblos al menos a 2h de distancia de la ciudad en direcciones opuestas. Como ya era costumbre, se dilató en cada palenque, los creadores, a los que conocía bien, sabían que si su producto era escogido significaría un buen negocio para ellos. Siempre le ofrecían comida y ocasionalmente coqueteaban con ella, no es fácil ser mujer en este negocio predominantemente manejado por hombres curtidos y rudos, aunque generalmente buenos. Julia sabía darse su lugar y mantener cualquier avance a distancia sin comprometer sus relaciones con los productores con los que trabajaba, los cuales eran sin duda los mejores del negocio.

Una vez recolectados los doce destilados, el siguiente paso era probarlos. Julia se aseguró de que ni sus clientes, ni nadie más, supieran nada de cada bebida. Envolvió cada botella de plástico, en la que le dieron las pruebas recolectadas, en papel de estraza y los sirvió a los clientes y otros invitados y, sin hacer trampa, ella también jugó el ejercicio de encontrar el mezcal que fuera el escogido para ser parte de una nueva marca, que se sueña ya conquistando el mundo.

Tras una larga cata que comenzó muy seria y que terminó entre risas y bromas causadas por la ingestión de tanto mezcal, cada participante compartió sus opiniones. Julia, con mucha experiencia en esto, llevó la reunión con disciplina y orden. Se encargó de que las opiniones sobre cada destilado fueran anotadas y que se siguieran las normas, por ejemplo, usó 60 diferentes copas “impitoyable” – una por destilado para cada uno de los cinco participantes- se visitó cada muestra al menos tres veces y todas las bebidas fueron calificadas del uno al seis en cinco diferentes categorías.

Con la mejor puntuación, fueron elegidos dos mezcales a 40 y uno a 42 GL de tres diferentes productores. Uno era de Santa Catarina Minas y otros dos de San Dionisio Ocotepec. 

Esta nueva etapa de la selección es básica, los compradores deberán tomar una resolución tras encontrarse con cada productor. Las visitas suelen durar un par de horas. Los tres maestros agraciados serán buenos anfitriones y mostrarán sus instalaciones sus destrezas y capacidades de producción. Y tras de un largo día, al regresar a la ciudad, Julia y sus clientes se reunirán para cenar y juntos tomar la decisión final, esa responsabilidad también es parte de su trabajo. 

Julia aun no lo sabe, pero mañana recibirá una llamada donde le avisarán que su primo, quien era cafetalero, se había matado en un accidente automovilístico, en la misma carretera por la que ella había transitado unas horas antes.


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